Wake Up People

miércoles, abril 12, 2006

Capitulo 3




Llego a mi cita con Esther. Son las cinco, la hora que acordamos. Sé que ella es puntual y que no soporta que la gente llegue tarde, por lo que no me extraña cuando la veo cinco minutos antes de la hora, sentada en el banco en el que siempre quedamos.

Ve que me acerco y se echa a llorar, no puedo hacer nada para consolarla por que no sé cómo hacerlo. Como ya he dicho es la segunda vez que la veo llorar y no sé cómo reaccionar.

Noto miedo en sus ojos, terror, tristeza y cierta verguenza.
Me abraza tan fuerte que hasta me cuesta respirar. Sé que necesita que la ayuden, y no tiene a nadie más en quien confiar que no sea yo. Empieza contándome todo lo que le ha sucedido durante estos dos días en los que yo he estado en trance:

- El viernes por la noche, después de dejarte en casa no aguantaba más y fuí a una farmacia a comprarme un test de embarazo. No pude esperar hasta llegar a casa, así que me metí en el lavabo de un bar y me hice allí la prueva. Y sí, Luzz. Dió positivo -no podía creer lo que me estaba contando, así que no pude evitar preguntarle-

- Esther, se puede saber ¿Con quién te has acostado? Si no tienes ningún ligue!! O, ¿Es que a caso tienes algo que contarme?

- Luzz, verás. Sé que no debería haberlo hecho pero el otro día pedí una pizza al restaurante este de la esquina, el que te trae a casa la pizza y te regala nose que. En definitiva, que cuándo me trajeron la pizza le abrí la puerta al repartidor y no te puedes ni imaginar quien era.

- Pues no la verdad, si no me lo dices no tengo ni la más remota idea -¿qué esto un juego de haber quien lo adivina antes?-.

- Era Jamie. Exacto, el mismo Jamie que me dejó hace dos años. Por el que lo pasé tan mal. Por el que me cambié de piso. Por el que estuve tanto tiempo con ganas de morirme y por el que volví a caer en las drogas. Pues, resulta que me volví a acostar con él...
- Pero, Esther. ¿Estás loca? De verdad que no entiendo nada. Bueno, supongo que será él el padre, ¿no? -por favor, dime que sí-.
- Luzz, déjame terminar!! Después de acostarme con él, me dió una raya. Me dijo que por una no pasaba nada..
- Esther, dime que no. Dime que no probaste nada!! Te habías recuperado Esther!! Lo habías conseguido!!
- Luzz, por favor!! Déjame hablar, yo no soy la única que está metida en esto, ¿recuerdas?.
Me dijo que por una vez no pasaba nada. Así que la probé. Me dijo que era muy pura, así que no probara mucho. Cuando me metí la primera, sentí una paz interior... cómo si todo fuera maravilloso. Él estaba allí comnigo, teniamos coca y sexo. Era todo genial. Después de unas cuantas rayas más, salimos de fiesta. La mañana siguiente me levanté en mi cama con un chico a mi lado. Estaba desnuda, él también y me sentía sucia. Sabía que había hecho algo de lo que me iba a arrepentir toda mi vida... - Y justo en ese momento rompió a llorar -.
- Esther, tranquila. Ya verás cómo todo se soluciona. Yo voy a estar contigo. No te voy a abandonar. Estamos juntas en esto. ¿Recuerdas? Tus problemas son mis problemas.
- Gracias Luzz, eres lo único que me queda. Sabía que podía confiar en ti. Pero eso no es todo, Jamie.. Cuándo me dejó hace dos años, sabía que tenía SIDA, Luzz.. Puede que haya contraído el SIDA yo también.
CONTINUARÁ

lunes, abril 03, 2006

Capitulo 2



Después de intentar calmarme un poco, respiro hondo e intento concentrarme en lo que me ha podido suceder para llegar a este extremo.

Me miro y veo que doy pena. Estoy desaliñada. Me miro en el espejo del lavabo y veo que mi maquillaje recorre todo mi rostro, que debajo de mis ojos hay una gruesa capa de rimel, y que mi pintalabios no está precisamente en mis labios.

Me vuelvo al dormitorio, cojo mi bolso e intento encontrar la salida. Estoy mareada, no me encuentro nada bien.

Entro en una habitación. Es el salón. Lo recorro con la vista, veo fotos pero no las reconozco, no se de quién son, no recuerdo conocer a nadie con esos motivos.

Salgo y sigo andando, allí al fondo está la salida, está la puerta. Por fin podré escapar de esta pesadilla de una vez por todas.

La mala notícia es que detrás de la puerta está la calle y; primero, llevo unas pintas increíbles; y segundo, no sé dónde estoy ni hacia dónde debo dirigirme.

Salgo por la puerta y, efectivamente no sé dónde estoy. Voy caminando por la calle y todo el mundo me mira. La verdad, no sé si es por la pinta que llevo (voy vestida con la ropa de hace un par de días, con las medias rotas y la cara llena de maquillaje; no me extraña). Creo que es una urbanización, pero no tengo ni idea de en qué punto me encuentro, la verdad es que yo nunca he tenido muy buena orientación que digamos. Sigo andando, desorientada por la luz del exterior, mis retinas aún no se han acostumbrado a ella.

No tengo ninguna otra solución, tengo que salir de aquí como sea.

Saliendo una vez por todas de esa dichosa urbanización, consigo parar a un taxi que accede a llevarme a mi casa. El taxista no paraba de hablar, de contarme que si estaba casado, que si tenia tres hijos, que si su mujer lo menospreciaba.. Un pelmazo yendo serena, y más aún después de todo lo que me ha pasado. Seguro que suena muy típico, pero puedo asegurar que es pura realidad.
Llego a mi bloque. Sí, lo reconozco. Saco las llaves acercándome al portal mientras un hombre vestido con uniforme me saluda diciendo:
- Buenos días señorita Stolle, ¿se encuentra bien?
Hacía tiempo que nadie me llamaba por mi apellido, normalmente cúando llegaba a mi piso era de madrugada y en la puerta estaba el gruñon del Señor Freddy Kamble, que tan siquiera te daba los buenos días.
Entré en el edificio y decidí subir en ascensor, por lo general subo mis cinco pisos andando. Aunque llego cansada, me siento bien.
Había un chico nuevo, no estaba mal para ser un adolescente en fase terminal de acné. El jovencito irrumpe mis pensamientos preguntándome a qué piso iba.
- Oh, perdón. Al quinto por favor. -dije mirándolo de arriba a abajo- ¿Cómo te llamas?
- Ehm.. Chris. -me responde tímidamente, con una de esas miradas que no sabes muy bien lo que quieren decir- ¿Y.., y usted?
- Pues, yo me llamo Lucy, Lucy Stolle. Pero puedes llamarme Luzz, mis amigos me llaman así.
Amigos? ¡¡Esther!! En cúanto llegue a casa la llamaré y le contaré todo lo sucedido.
Con las llaves en la mano, me acerco rápidamente a la puerta e intento abrirla sin mucho éxito. Tranquila Luzz, respira... Las clases de yoga deberían servirte de algo en momentos como éste. Por fin consigo que entren las malditas llaves. Tirando encima de mi cama el bolso, las llaves y mi cazadora, voy directamente a mi habitación sin pensar ni hacer lo que habitualmente haría si llegara a mi casa un día normal y corriente como por ejemplo, mirar el contestador en busca de mensajes de mis amigos, familiares, ofertas de trabajo mejores que el tengo ahora, etc.. abrir el frigorífico y cojer algo para beber mientras miro la tele.


Cojo el teléfono y llamo a Esther. Debe de estar preocupadísima, llevo dos días sin dar señal de vida. Lo más curioso de todo es que no tenía ninguna llamada suya en mi teléfono móbil.

El teléfono suena, por fin alguien contesta:

- ¿Diga? -dijo con un hilo de voz que no era típico de Esther-.

- Esther, soy Luzz. Siento no haberte llamado antes. Debo contarte algo..

- Yo también debo contarte algo Luzz -el tono con el que me estaba hablando no me gustaba nada-.

Notaba lágrimas en su voz, debía ser algo grave, Esther nunca llora por algo sin importáncia. Vamos, que llevo desde los tres años con ella, y la única vez que la ví llorar fué cuándo se murió su padre.

- Cuéntame Esther, ¿Qué sucede?

- Luzz, verás. ¿Te acuerdas que te dije que no me venía la regla y que yo siempre era muy puntual en eso? -me quedé en blanco, y con un hilo de voz consigo decir algo-

- Sí, lo recuerdo perfectamente. ¿Por qué?

- Por que, estoy embarazada. Y eso no es lo peor. Luzz, no sé quién es el padre.

De repente el silencio se apodera de la habitación y sólo se me ocurre decir una cosa.

- Y, ¿Qué vas a hacer? - ¿Es lo único que se te ha ocurrido decir, Luzz? Qué ingeniosa! -.

- Pues, la verdad es que no lo sé, aún no lo he decidido -oigo como se seca las lágrimas sorbiendo y gimiendo lentamente, oigo una vocecilla al otro lado del teléfono y alguien dice- y, ¿Qué es lo que querías contarme tú, Luzz? -no es la voz de Esther, la oigo extraña, sufrida. Tengo que verla. Se nota que lo está pasando mal y me necesita-.

- Esther, ¿Te importa que te lo explique en persona?, necesito verte.

- No, ningún problema; ¿Quedamos dónde siempre a la hora de siempre?

- Sí, voy para allá.


Hoy, esta vez, después de todo lo que había ocurrido lo único que me apetecia era darme una ducha bien caliente para poder calmarme un poco antes de volver a la dura realidad, y verdaderamente me sentó bien.

Mientras estoy debajo del agua, siento cómo me recorre por todo mi cuerpo una sensación de alivio, de saber que, me pasara lo que me pasara, estoy en casa sana y salva. Aunque no puedo dejar de pensar en lo que me acaba de contar Esther, no tenía suficientes problemas para que ahora le pasase esto. Se lo avisé. Sé que una amiga nunca dice eso, pero lo hice, la advertí que le ocurriria algo parecido pero no me hizo caso.

Tengo que darme prisa en vestirme o llegaré tarde a la cita con Esther..



CONTINUARÁ..